¡QUE ALABEN A DIOS LOS NIÑOS!
En un mundo que nos anima a preocuparnos de nosotros mismos, es importante que nos demos cuenta, como cristianos, que todavía vivimos para Dios. Cuando alabamos, queremos bendecir el corazón de Dios, no nuestro propio corazón. Alabar es un acto de someter nuestra vida y nuestro corazón a Dios, humillándonos al Dios todopoderoso.
Jesús les dijo a los fariseos en Lucas 19:40 que si nosotros nos callamos, las piedras clamarán a Dios en alabanza. Dios manda a toda la iglesia a alabarle, incluso a los niños. Nunca es demasiado temprano para desarrollar en una persona un estilo de vida que alaba a Dios. A Dios le encanta la fe inocente y desinhibida de un niño. Manda a todo el mundo acercarse a él con la fe de un niño. ¡Cómo ha de agradar a Dios recibir la alabanza pura que le ofrece un niño!
Debemos de enseñar a los niños que la alabanza es más que simplemente cantar una canción. Es un estilo de vida y una actitud del corazón. Enseñémoslos a alabar por medio de orar, leer y guardar la palabra de Dios en su corazón, dar su tiempo y sus recursos, y compartir el evangelio. Entre más alaben a Dios, mejor conocerán al Dios al que alaban.
Cada niño necesita una oportunidad de aprender a alabar a Dios. En nuestras iglesias debemos de enseñar a los niños que es alabar a Dios en espíritu y en verdad. Por eso existen la escuela dominical y la iglesia infantil. Debemos crear un ambiente diseñado para los niños para desarrollar los mismos hábitos de alabanza que desarrollamos en los adultos. Debe de ser divertido, incluir historias Bíblicas, oración, música, y actividades que modelen como el niño puede alabar a Dios.
viernes 6 de junio de 2008
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